Trigésimo quinto día del Omer de la quinta semana :

 

lo poco o mucho que hemos apreciado los tipos de muertes que podemos sufrir.

 

En las sagradas escrituras encontramos tres tipos de Muertes: la muerte Espiritual, la muerte física y la muerte eterna.

La muerte Espiritual que se produce temporalmente y es el fruto o el producto del pecado o del alejamiento de las fuentes de la vida espiritual.

La muerte física, que se produce cuando el cuerpo se separa del espíritu y del alma.

La muerte eterna que es la mas grave e irreversible y se produce cuando por la propia voluntad o por el juicio del eterno, somos condenados a pasar la eternidad fuera de su presencia y en el lago de fuego.

Durante el transcurso de nuestras existencias es posible que padezcamos muchas veces la incomunicación con la presencia de El Creador o la muerte espiritual, es decir el pago que recibimos, por nuestras desobediencias, transgresiones y/o pecados, por que recordemos que El, que es la vida, no puede convivir en nosotros o en cualquier lugar donde habite el pecado o la oscuridad. Es claro que cuando preferimos vivir en tinieblas voluntaria o involuntariamente, El, que puso su chispa divina en nosotros, debe salir y mientras El no este en nosotros, tampoco lo esta la vida, luego estamos o quedamos muertos temporalmente a su gracia y a su presencia.

Esta vida se puede recuperar tan pronto hagamos Teshuvah (arrepentimiento) con sinceridad y dolor de haber pecado, hagamos Tikun (reparación) del daño que hicimos, primero a El, luego a nosotros o a las personas que perjudicamos con nuestro comportamiento, nuestra falta o nuestra transgresión.

Cuando el ve la actitud del corazón y nuestra sinceridad en el acto depende que nos perdone, inmediatamente, y la vida espiritual se restaura y vivimos para el espíritu.

Muchas veces creemos que nuestros actos negativos no están vigilados y que podemos seguir comportándonos como a El le desagrada, pero la persistencia en este estado de muerte espiritual trae muchos y peligrosos riesgos de varias clases, como las enfermedades, la ruina económica y espiritual, la muerte física e inclusive la muerte eterna.

Pero cuando nos arrepentimos y enmendamos el camino, no solo nos recuperamos de la muerte espiritual sino que nos elevamos un poco mas y nos acercamos a El también.

La actitud demasiado amplia que nos enseñaron las religiones de Pecar y rezar o de pecar y pedir PERDÓN porque con ello empatábamos, fue anestesiando nuestra conciencia hasta llegar al punto en algunos casos de negarle pecado y por supuesto de su consecuencia, la muerte espiritual, lo cual daño sustancialmente nuestra relación y sometimiento a nuestro Creador y Padre.

Por otro lado, la muerte física es solo temida por algunas personas que o ven en ella un punto final a su interminable serie de recaídas y faltas y otras que la ven como una puerta a un juicio que seguramente, dicen ellas, será muy benigno y misericordioso porque su elohim, es muy "condescendiente y bueno".

Los que llevan una vida ordenada y sujeta a la voluntad del Creador, ven la muerte física como un paso necesario e inevitable a la eternidad y no corren el riesgo de perder su vida eterna o de alcanzar misericordia por que sus actos siempre fueron conforme a la voluntad del Creador.

La muerte física es la esperanza del cumplimiento del orden del Creador luego que el hombre pecara y sus tiempos quedaron reducidos a los años que le permiten holgadamente vivir sin

problemas si obedeció la TORAH y los mandamientos y sus días de reposo.

Es también la antesala a la resurrección y a la redención final que nos promete el Creador en las sagradas escrituras para el hombre que fue justo y recto, pero puede ser lo contrario si la vida no se aprovecho para rectificar y elevarse, limpiándose o purificándose y obedeciendo.

Hay quienes mueren la muerte del justo, es decir que tiene la certeza del deber cumplido y del transito espiritual propio de los que se apartaron para El y lo amaron lo suficiente como para sacrificar sus existencias aquí en la tierra, para lograr la vida eterna, en estos casos la muerte es un premio anhelado.

Queda entonces la muerte eterna, la ausencia de la luz y del disfrute del respaldo y la presencia divina y en cambio el padecimiento del fuego eterno que quema sin consumir, que no se apagara jamás y que agota de una ves y por siempre su amor y misericordia.

Para estos seres que la padecen, no habrá descanso ni paz, ni gozo, ni tampoco un instante de la bendición de sus promesas o sus pactos y mucho menos de su amor que todo ayuda a mitigar y a sanar y restaurar.

El condenado a esta muerte, por su propia opinión y razón, prefirió endurecer su corazón y darle la espalda a la voluntad suprema, desobedeciendo expresamente sus leyes y las instrucciones que dejo en la TORAH y que como un gesto de confianza y amor supremo las escribió en su corazón y en su mente, vera con sus propios ojos, como se cumple lo dicho y su existencia se pierde para siempre en aquel Inmenso lago de fuego.

O será aquel que por ignorante de la TORAH, prefirió seguir la dirección de los hombres y sus teologías y doctrinas, recibió como dice el profeta Ezequiel en el capitulo 20, un formidable extravío a través de mandamientos y días de reposo que no dan vida eterna por parte del mismo Creador, que cosa mas grave y lamentable, pero cierta.

Pero habrá algunos pocos que involuntariamente se extraviaran del verdadero camino también lo harán y dejaran de obedecer la verdad para obedecer "la gracia", esos también perderán su vida eterna por que el que inocentemente peca inocentemente se condena. Eso dicen las escrituras.

Padre TU que eres la fuente misma del amor y la piedad, acuérdate de nosotros para que veamos a tiempo los peligros de la muerte, del mundo de la oscuridad y escapemos de sus consecuencias negativas y solo veamos tu instrumento de esperanza y redención y vivamos conforme a tus reglas para solo morir en tus brazos y cumplirlas positivamente y como justos y rectos ante tus ojos, así sea.

 

BARÚJ ATÁ יהוה, ELOHÉINU MÉLEJ HAOLÁM, ASHÉR KIDSHÁNU BEMITZVOTÁV, VETZIVÁNU AL SEFIRÁT HAÓMER.

 

Bendito eres Tú, יהוה nuestro Elohim, Rey del universo, que nos ha santificado con Sus mandamientos, y nos ha ordenado lo concerniente a la cuenta del Omer.    

 

Hoy es el día 35 de la cuenta del Omer, o sea séptimo día de la quinta semana, faltando 14 días para Shavuot.